La experiencia de flotar

Por Aeshja Holbrook-Kennedy. (Golden Age Magazine)

 

Entro en el habitáculo de flotación por primera vez. Me encuentro un poco ansiosa e insegura, pero al recostarme en el agua sedosa y cálida, el ambiente silencioso y oscuro se apodera de mí y no puedo evitar dejarse llevar. Y mientras más me dejo llevar, más siento como si estuviera flotando apaciblemente en el espacio. Me asombra el sonido de la respiración que fluye dentro y fuera de mi cuerpo.

 
Comienzo a relajarme profundamente y todos mis temores previos desaparecen. Observo mi mente pasear por una infinidad de pensamientos, como si estuviese mirando desde algún otro lugar fuera de mi misma. Me doy cuenta de que estoy pensando y regreso al sonido de mi respiración, de nuevo entrando en esa sensación de sertirme tan relajada. Empiezo a soñar y, sin embargo, estoy totalmente despierta. Siento cosquilleos y una ola de euforia que surge dentro de mí.

 

Al salir del flotario me siento muy centrada, en paz, físicamente rejuvenecida y en unión con el universo. No es necesario practicar técnicas especiales. No se requiere hacer nada aparte de entrar en el flotario y flotar. El tiempo de flotación es una opción individual, aunque la mayoría de las personas encuentran que una sesión de una hora es suficiente para inducir sentimientos de relajación profunda e intensificar la conciencia sensorial.
Flotar podría ser el avance más importante hasta la fecha como recurso para la recuperación, el manejo de la tensión y el desarrollo personal. La terapia de flotación se utiliza en conjunto con otros programas para reducir peso, el consumo de tabaco o alcohol y otros hábitos y adicciones, y por atletas profesionales para entrenamiento y rehabilitación. Para otros, flotar proporciona un espacio sagrado para la exploración interna y la autorealización. Con todo esto, parece ser que el uso de la flotación está limitado únicamente por nuestra imaginación.

 

El flotario.

El habitáculo de flotación es esencialmente una gran bañera que contiene una solución altamente concentrada de agua y sales de Epsom. Cuando el doctor John C. Lilly desarrolló el habitáculo de flotación en 1954 con el fin de explorar los efectos de la supresión sensorial en la mente, no tenía idea de los beneficios para la salud que seguirían.

 

Los beneficios

Al flotar sobre la espalda, desprovisto de los estímulos sensoriales usuales que constantemente nos bombardean (no hay luz, sonido, ni gravedad; incluso la percepción del agua, a la temperatura corporal exacta, desaparece), uno queda suspendido en un estado de relajación profunda. Al no tener que lidiar con esta barrera usual, el cuerpo y la mente tienen la oportunidad de permitirse relajarse completamente para realinear, reabastecer y restaurar sus sistemas. Se estima que los efectos de la gravedad ocupan hasta un 90% de toda la actividad del sistema nervioso central, siendo la causa más importante de muchas dolencias, incluyendo problemas de espalda, dolor en articulaciones y tensiones musculares. Al flotar, el cuerpo experimenta una total carencia de peso. Teóricamente, esto significa que el cerebro y el sistema musculo-óseo, al no tener que hacerse cargo de los efectos de la gravedad, ahora cuentan con inmensas cantidades de energía; grandes áreas del cerebro se liberan para experimentar otros asuntos de la mente, el espíritu y la conciencia.

 

La acción benéfica de las sales Epsom

El factor importante en la acción de las sales Epsom es que, al ser una sal compuesta por magnesio, siempre está intentando regresar a su estado original de carbono y, por esta afinidad con el carbono y los compuestos carbónicos, es de gran ayuda al tratar con condiciones anómalas del cuerpo. En lo que se refiere a su acción medicinal, se debe tener en cuenta que el cuerpo humano subsiste casi enteramente de alimentos que contienen elementos carbónicos y que los desechos que se derivan de estos alimentos toman la forma de carbono. Éste es un proceso rutinario en una persona de buena salud. La mayor parte de estos desechos de carbono es eliminada del cuerpo a través de los pulmones en forma de dióxido de carbono (CO2). El proceso por el cual los desechos carbónicos se convierten en CO2 es una forma de combustión conocida como oxidación.
Para que el carbono no utilizado de los alimentos pueda ser expulsado, es necesario que la sangre y los tejidos tengan el suficiente oxigeno para llevar a cabo la oxidación. Si la cantidad de oxigeno requerida no se alcanza, se produce una combustión retardada que resulta en la formación de desechos parcialmente oxidados, como el ácido úrico y las toxinas, que son el resultado de la putrefacción. Estos compuestos tienden a acumularse en la sangre y en los tejidos, favoreciendo una mayor aparición de enfermedades y mala salud. Por lo tanto, las sales Epsom debidamente administradas son de gran ayuda. Por su afinidad con el carbono, absorben y nulifican los desechos carbónicos, actuando como limpiador.

 

Ondas cerebrales

Durante la flotación, el cerebro se relaja y pasa de las ondas rápidas de actividad mental conocidas como beta, a las ondas alfa y theta más lentas. Las ondas alfa se generan en momentos de relajación; pero más interesantes aún son las ondas theta, asociadas con los recuerdos vividos, la libre asociación, los chispazos súbitos de entendimiento, la inspiración creativa y los sentimientos de unidad con el universo. La mayoría de las personas tiende a quedarse dormida una vez que entra en el estado de onda theta. Sin embargo, los estudios han demostrado que quienes flotan entran rápidamente en estados theta permaneciendo despiertos.

 

Neuroquímicos

Las pruebas indican que flotar reduce los niveles de neuroquímicos relacionados con la tensión, como la adrenalina, la norepineprina, el ACTH y el cortisol, substancias asociadas al estrés y la ansiedad. Al mismo tiempo, las investigaciones muestran aumentos en la secreción de endorfinas, el opiáceo natural del cuerpo que tiene efectos analgésicos y a menudo induce estados de euforia.

 

Homeostasis

El cuerpo humano es un sistema exquisitamente inteligente que se autoregula y autosupervisa, y que constantemente trabaja para mantener el cuerpo en homeostasis -en equilibrio y armonía. El estímulo externo rompe continuamente nuestra homeostasis natural. El estrés en sí —el proceso natural de reacción a los estímulos— es inofensivo. Sin embargo, la acumulación de tensión sin el equilibrio de la descarga puede ser dañina y a menudo la verdadera homeostasis —mente y cuerpo relajados— se olvida.
La buena noticia es que lo que se olvida puede recordarse. Cuando quitamos las presiones externas de manera eficaz, nuestro ingenioso sistema humano automáticamente dedica entonces su energía a restaurarse. El uso de la flotación ha demostrado ser una manera rápida, eficaz y fácil de iniciar y fortalecer la respuesta automática de relajación del cuerpo y de que el cuerpo regrese a su estado natural de equilibrio y armonía.

 

Hemisferios cerebrales

El hemisferio izquierdo del neocórtex opera analíticamente, procesando información a pequeña escala. El hemisferio derecho es intuitivo y puede absorber información a gran escala, uniendo todas las piezas desde una perspectiva más amplia.
En nuestro estilo actual de vida cotidiana, la función del cerebro izquierdo predomina. Los investigadores han encontrado que flotar aumenta la función del cerebro derecho, deteniendo el ruidoso parloteo del cerebro izquierdo analítico dominante y desplegando ilimitadas posibilidades creativas ante nosotros.